Fixxión

Con 2 equis.

Viernes.

Pasa algo extraño los días como este. Parece extraño e imbécil, en igual medida, o desigual, que una palabra o simple idea despierte en ti emociones específicas. Desde el principio extrañamos este día, desde el principio anhelamos llegar al final, desde el mismo comienzo esperamos que todo esto termine en baile, un baile que termine exactamente como lo imaginamos.

Es inútil tratar de explicar qué pasa o qué sentimos cuando todo se acaba. Hay euforia, es la inquietud la que te hace despertar, quieres maldecir con cuántas malas palabras conozcas y no recordar en absoluto lo que atrás quedó, la idea, la verdadera meta es celebrar el final, con una fiesta, una que termine en nada, donde quede exactamente eso, una fiesta que te vacíe hasta llenarte, de sin sentido, de incertidumbre y de certeza, en partes iguales, y allí en ese lugar, absorto, sonreírle a la nada, a lo que ha quedado. Las emociones, el estado físico y mental que no entendemos, es solo la mitad del viaje. El viaje de regreso a donde empezaste es gravedad, es esa fuerza que te empuja, empuja tu cara, tu cuerpo, tus pensamientos hacia el asfalto, sin que nada en ese viaje ralentice la velocidad con la que caes, la velocidad con la que alcanzas el suelo. Hay demasiadas historias, perceptibles y no, detrás de cada cara, de cada gesto, de cada bostezo, de cada palabra, de cada sonrisa exhausta. Exhausta de sonreírle al viaje, un viaje amargo y, sin embargo, insípido, lleno de altos y bajos, lleno de bajos, lleno de mierda, de nada.

Bailamos. Llegamos al final una vez más, y una vez más volveremos a empezar, volveremos a desear desenfrenadamente terminar en este lugar donde no ha quedado nada. Llegamos, fuimos los primeros en llegar y seremos los últimos en irnos recogiendo los pedazos que quedaron en el lugar que escogimos. Será una buena fiesta nuestra fiesta de clausura, una buena fiesta.

Déià vu

He estado aquí. No hace mucho, de hecho, hace sólo días estuve escribiendo las mismas palabras que hoy lees. He estado tantas veces aquí que puedo asegurar que dentro de poco estaré escribiendo lo mismo, otra vez.

Creo que nada de esto lo siento igual, creo que hemos repetido tanto esta situación que nos habituamos a ella, nos habituamos tanto a ella que me cuesta recordarnos en otra, y esta vez nada tiene que ver mi memoria defectuosa. Nada tiene que ver porque no lo he olvidado todo. Recuerdo vagamente el comienzo, éramos un desastre o yo lo era y luego tu estúpidamente comenzaste a ser cómo yo o simplemente te dejaste convencer por lo peor de mí. Al menos en el principio salíamos del barro sin una sola mancha en nuestras ropas y ahora estar fuera de esto es simplemente un recuerdo, uno de los pocos buenos que quedan. Apenas estoy comenzando y ya estoy exhausto de escribir.

No voy a pasearme detalladamente por nuestra historia o nuestra falta de ella pero podría contar por días las veces que te he dicho que quiero estar en paz, sin importar lo que signifique, porque estoy cansado de la turbulencia, de la seguridad a la que no le enseñamos que podía seguir presente cuando se acabara la noche, de intentar. Ya he luchado por ti, he luchado por la idea de sólo tenerte cerca porque es la única promesa que quiero cumplir, he dejado de estar contigo para estar con alguien más, te he dejado para estar conmigo, me he alejado de ella para llegar a un acuerdo contigo, he estado seguro de lo que quiero, he tenido ganas de matar la idea de que andes allí, he preguntado tantas veces “¿qué hacemos ahora?” que me cansé de hacerla y aun así parece que es lo único que queda, he…

Lo dejo en puntos suspensivos porque estoy seguro que lo que resta tu podrás completarlo sin mi ayuda. Se suponía que esto iba a ser una especie de carta que contendría las decisiones que vendrían pero como dije antes, a esto nos habituamos, a quedarnos atrás.

He estado aquí. Sabes perfectamente que he escrito estas mismas palabras. He estado tantas veces aquí que puedo asegurar que dentro de poco estaré escribiendo lo mismo, otra maldita vez.

Suiza

Comenzaré con tu miedo, ese miedo el cuál te pedí que olvidaras y que no mencionaras, porque ya los mios eran suficientes.

Te miento si te digo que no entiendo esa necesidad imbécil de cuestionarlo todo, hacernos preguntas sobre lo que sea. Te digo la verdad cuando escribo que la mayoría del tiempo, a tu lado y lejos de ti, siento la necesidad de escupirte lo que pienso, lo que siento, lo que no, lo que quiero, lo que no, lo que extraño, lo que no me hace falta, de decir que la mayoría del tiempo no necesito que emitas un solo sonido, ni una sola palabra, ni un solo gesto, no lo necesito, no lo quiero y nunca lo extraño cuando la verdad es que siempre me ha hecho feliz cuando lo haces, cuando aún sin siquiera saludarme ya me has hablado por horas y hemos reído por días.

No es justo que estar contigo se sienta cómo estar en otro país, un lugar que no me pertenece, donde no debo estar, donde no debo quedarme, un lugar donde no debería hacer planes ni planear un futuro, dónde sólo tengo permitido vacacionar, vivir sin hacer preguntas ni trámites, sólo conocer para meter en mi maleta recuerdos de cómo fue un lugar donde me permitieron hacer todo para luego prohibirme todo, quitármelo todo.

Vuelvo a escupir, pero esta vez, lo que temo, porque tengo miedo de todo, de que ese país sea solo un recuerdo de lo que está por venir, que sea un recuerdo de lo que no va a pasar, miedo de llegar a ese país y destruirlo todo, de dejar que tu lo destruyas que te encargues de que no exista, que sea un país a dónde nunca voy a viajar y mucho menos convivir.

Termino con mi miedo, ese miedo que dije olvidaría y que prometí no mencionar. Tengo miedo de no saberlo todo sobre Suiza, de saberlo todo. Miedo de que seas mi Suiza, ese lugar donde el silencio parece escuchar mis palabras y que sea cómo una vez me dijeron, que Suiza, en realidad, no existe.

Tarde

Tal vez sea cierto, llego tarde a todos lados, y esta vez llegué tarde a ti.

Siempre me jacte de ser puntual, de siempre llegar antes de la hora a todos los lugares, aún cuando los demás llegarán tarde y lo tomarán como virtud. Tal vez haya pecado de sentirme seguro aún cuándo nunca te di seguridad, confíe en que las cosas iban a mejorar eventualmente, en que iba a llegar el día que ibas a confiar en mí, el día en que iba a poder contarte todo, en que nos podríamos de acuerdo pronto, en que me ibas a escribir y yo no iba a ver tu mensaje y dejaría que pasara un momento antes de contestarte de nuevo, en que iba yo a tomar la iniciativa de llamarte para decirte que a pesar de ser un completo imbécil me hacía feliz que formaras parte de mi días.

No se si has paseado un poco a tus recuerdos pero aquellos momentos que agarraba tu mano y la apretaba fuerte, mientras yo manejaba, era la traducción de todas las cosas que no podía decir por haber nacido con la maldita inhabilidad de expresarme con las palabras y las acciones. Tal vez sólo fue mi mala memoria, gracias a la cuál perdía las llaves, el ticket de estacionamiento, mi cartera, mi ropa, tus sonrisas. Hoy me doy cuenta que no puedo confiar en mi memoria porque me hizo olvidar tanto y a estas alturas de la distancia entre nosotros, se rehúsa a olvidarte. Debí adelantar mis relojes, no debí pasar por alto que el mejor de los lugares eras tú.

Yo y mi manía de llegar tarde a los libros, a los discos, a ti.